(Tertulia política del Ateneo de Madrid, 11 de noviembre de 2009. Fragmento).
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Es un viejo problema que alguna otra vez, ya en sesiones muy lejanas, hemos sacado aquí, que es el de la felicidad del idiota. Supongo que a todos os suena, porque cualquiera de niño, de muchacho, o más tarde, se ha planteado el problema, o se le ha planteado el problema de la felicidad del idiota. La felicidad del idiota evidentemente, eso es con lo que el Poder cuenta; cuenta con la idiocia de Uno, de la Mayoría de Unos, de la Mayoría de Uno Mismo. Cuenta con eso: la idiocia, el no darse cuenta, que es lo mismo que el creérselo, el tragarse lo que está mandado.... Con eso se cuenta, y efectivamente todos esos que cuando ven la sonrisa de felicidad en la pantalla televisiva a su vez se sonríen y no hacen ningún gesto de asco ni nada por el estilo, se sonríen, lo admiten, como si estuviéramos en casa y todos más o menos a gusto los unos con los otros, esa idiocia, esa idiotez mayoritaria de las poblaciones y mayoritaria del Alma de cada uno, es lo que se requiere para el caso, con lo que el Poder cuenta, contra lo que aquí estamos hablando.
El problema a cualquier niño, a cualquiera de vosotros, seguramente se os ha planteado así, como una elección; como una elección: ser idiota, pero feliz por ello mismo; ser feliz, pero idiota, no importa, ¿no? Esta es la elección, que seguramente a cualquiera de una manera más o menos oscura se os ha planteado, ¿no? Pues planteárosla ahora, porque tendréis que ayudarme a seguir dejándonos hablar dentro de un poco, cuando os pase la voz. Preguntaos pues qué es lo que cada uno de vosotros ha elegido y elige: ser feliz (lo cual requiere ser idiota, tragárselo, creérselo, porque si no, no hay manera), o lo contrario, o darse cuenta, como aquí intentamos, dejar que la lengua que no es de nadie hable por nosotros y descubra la mentira fundamental en que estamos metidos, y con eso naturalmente privarse de cualesquiera ilusiones que pudiera tener acerca de felicidad o algo por el estilo. Lo que no hay es casamiento, no hay compatibilidad entre lo uno y lo otro; eso supongo que lo veis lo bastante claro.
La cuestión de la elección de la felicidad del idiota (a su vez a cualquiera de vosotros ya se os ha ocurrido), hace surgir esta otra pregunta, que es ¿quién es el que elige, en ese trance? ¿Quién es el que elige? Porque está claro que si el que elige es el idiota que soy (si queréis la parte de mí que es personal, y por tanto idiótica; privada, y por tanto idiota en cualquier otro sentido), si el que elige es ése, ¿qué va a elegir?; ése ¿qué va a decir? Cualquier televidente contento que contempla la felicidad de otros y está dispuesto a asimilarla a su propia vida, ¿qué va a responder? Va a responder “¿quién me va a mí a quitar el derecho de ser idiota, de no querer enterarme? ¿Quién me va a quitar a mí el derecho de no querer enterarme? ¿Para qué coños voy a tenerme que enterar de nada? ¿Quién se está metiendo conmigo?”. Eso es la respuesta de la parte idiótica de cada uno: “¿quién se mete conmigo a revolverme los trapos, cuando yo estoy tan contento?”. ¿Qué va a elegir? ¿Qué va a elegir ése nada más que eso?: “¿Quién me va a quitar a mí el derecho de ser idiota, si siendo idiota estoy tan contento como estoy? ¿Eh?”. Esta es la cuestión. Y si alguno de vosotros nota que en su propio interior esto le resuena en parte, pues no está mal, estará camino de intentar lo que aquí intentamos cada día: descubrir que no estamos bien hechos, que estamos partidos y torcidos, y que uno no es uno, y que por tanto en uno cabe eso mismo, y a eso mismo se contente. Sin que por otra parte eso sea todo lo que es uno, porque desde luego, si no es ése el que responde, pues la respuesta ya no está tan clara: hay por otra parte, en cualquiera de nosotros, algo que dice “no puedo; no puedo elegir la felicidad; no puedo elegir la felicidad”. Eso es una condena a algo que a esa partecilla que nos queda de pueblo vivo le repugna, no puede admitir eso: “con eso estoy condenando las posibilidades de dar con algo que no sea esta Realidad que me venden, descubrir en algo la mentira sobre la que me hacen vivir”. Es ése el problema, la cuestión de quién-es-el-que-elige, que está inevitablemente enredada con la primera. Sobre eso, aunque no os pida todavía que corra la palabra, entre otros, es lo que os estoy preguntando desde ahora, y cómo lo sentís cada uno de vosotros.
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Todos los miércoles a las 20:30 horas.
Tertulia Política con Agustín García Calvo en el Ateneo de Madrid
C/ Prado, 21
28014 Madrid
Editorial Lucina***
Debemos la cuidadosa y puntual transcripción de las tertulias del Ateneo a la amabilidad de Teresa Rodríguez Vázquez y Javier Hebrero. Gracias de nuevo desde aquí.
Félix